jueves, 2 de octubre de 2008

LA CONTAMINACIÒN Y SUS CONSECUENCIAS CON LOS BOSQUES.




La muerte de los bosques es un complejo fenómeno que sufre el arbolado de las zonas templadas. Muchos árboles enferman y mueren sin que se haya encontrado una causa clara, aunque si sabemos que es por la contaminación. En algunos países de Europa (Alemania, República Checa, Eslovaquia, Grecia, Gran Bretaña y Francia) y en zonas de América del Norte está tan extendido que supone muy elevadas pérdidas económicas y un grave problema ambiental.
Se comenzó a observar en Alemania en los primeros años de la década de 1970. Se comprobó que muchos árboles perdían vigor, las hojas se decoloraban y caían prematuramente y la debilidad de la planta facilitaba el que las heladas, el viento o los insectos u otras plagas terminaran matando al árbol.

A finales de los años ochenta y durante todos estos últimos años se ha visto con optimismo que el fenómeno no se ha ido agravando, sino que ha habido una mejoría, muy probablemente por el descenso en la contaminación atmosférica en los países más afectados.

El fenómeno ataca a algunas especies con más fuerza que a otras. Las coníferas, como pinos, abetos, Piceas, etc. son las más afectadas, debido a su larga vida y a que al tener hojas perennes acumulan contaminantes a lo largo de todo el año, aunque también algunos bosques de hayas han sido dañados. Los bosques situados en zonas altas también son más dañados, probablemente porque están mucho tiempo dentro de nieblas y nubes que agravan la acción de la contaminación sobre la planta. Las observaciones en Alemania continuaron y se comprobó que para 1982 un 8% de sus bosques estaba dañado y en un estudio hecho en 1985 se señalaba que alrededor de la mitad de sus árboles mostraban síntomas de decadencia, más o menos grave.

Síntomas de decadencia

Los principales síntomas de la enfermedad son:

Coloración anormal de las hojas. En vez de ser del verde habitual de la planta, están más amarillentas, con síntomas de clorosis*. Las hojas contienen menos iones que lo normal, especialmente Mg y también Ca, K y Zn.
Caída prematura de la hoja. En los árboles de hoja caduca las hojas se desprenden del árbol antes del tiempo normal y en las de hoja perenne se pierden más hojas que las habituales, con lo que el árbol va quedando sin hojas.
Disminuye la producción neta. Se frena o se detiene la formación de madera y el árbol no aumenta su biomasa.
Muerte de las ramas. Algunas ramas se van secando y mueren
Regresión de las raíces. Se van secando y como encogiendo, con lo que disminuye la capacidad de absorber agua y nutrientes del suelo.
Muerte. Por fin, insectos, hongos, musgos, heladas, u otras causas que en un árbol sano y normal no provocarían daños irreparables, acaban matando a ejemplares debilitados.
Causas de la muerte de los bosques
No se conoce bien qué puede estar provocando este debilitamiento de los árboles. Es muy probable que sea un conjunto de factores los que intervienen

Durante mucho tiempo se pensó que las sustancias que dañaban a las plantas eran el ozono y la deposición ácida, pero últimamente predomina la idea de que otros contaminantes atmosféricos y del suelo tienen también importancia, pues se ven bosques dañados en los que ni la acidez es excesiva, ni la proporción de ozono alta.

Causan daño directo a las hojas de las plantas los óxidos de nitrógeno y de azufre, el ozono y otros oxidantes. Se sabe también que el amoníaco multiplica la acción dañina de algunos de estos gases. Por otra parte puede haber daños indirectos procedentes de la acidez del suelo que hace que los minerales del suelo pierdan iones importantes para la nutrición de la planta como Mg, Ca y K y a la vez libera iones de aluminio que dañan los pelillos absorbentes de las raíces. Estos cambios iónicos destruyen también microorganismos del suelo que son muy útiles al árbol